jueves, 11 de febrero de 2016

La estirpe de dragones



Los dragones son criaturas poderosas, como todos saben, particulares e inherentemente mágicas, sin embargo en Jernhest son algo más.

Antes de Ragnarök el número de dragones era muy alto. Vivían en distintas zonas dependiendo del tipo de dragón, afinidades con los dioses, relación con las tribus nativas de cada zona…Había dragones más y menos antiguos. Los más viejos y sabios eran a su vez los más poderosos. Los más jóvenes e intrépidos eran más semejantes a bestias descontroladas que a las nobles criaturas que podrían llegar a ser con el paso de los siglos.

Cuando llegó el Ragnarök esto cambió por completo.

Con la llegada de los Arcaicos, muchos de los dragones más antiguos y poderosos se posicionaron de su lado o del lado de los dioses, arrastrando a su vez a los más jóvenes. La raza dragón participó activamente en la guerra siendo los responsables de incontables muertes tanto en un bando como en el otro. A medida que la guerra se desarrollaba ambos ejércitos aprendieron rápido que los dragones eran la fuerza de ataque con mayor amenaza y poder destructivo, así que centraron sus ataques en diezmar esa fuerza. Miles murieron.

Fueron exterminados a miles, obra de Kostic Dusan
Sólo unos pocos lograron esconderse y sobrevivir a la masacre, otros permanecieron ocultos sin tomar parte en la guerra. La mayoría de dragones jóvenes que sobrevivieron fueron expulsados al oeste. Todos los demás perecieron al igual que los dioses o arcaicos por los que tomaban partido.
Los que sobrevivieron tuvieron que esconderse. Algunos no lograron ocultarse lo suficientemente bien y fueron cazados y asesinados.

Hoy día la participación de los dragones en la guerra ya no está tan presente en la mente de los habitantes de Korn, tras generaciones de apenas tener noticias de ellos. Además los contados dragones que han sobrevivido hasta nuestros días han tenido mucho cuidado de permanecer ocultos en zonas deshabitadas o de mostrarse lo más mínimo…al menos la mayoría.

Cientos de huevos quedaron abandonados y dispersos por la geografía de Korn. Muchos son cáscaras vacías, pero les hay que se han conservado en perfecto estado hasta el presente y, con el debido tratamiento, podrían hacerse eclosionar.

Con el pasar de los años, el descubrimiento de la esencia y el nacimiento de la arcanotecnología, algunos dragones se han interesado por los usos que podrían darle a dichas innovaciones. Otros en cambio siguen en letargo a la espera de la vuelta de los dioses y otros viven apaciblemente en zonas aisladas. Sin embargo los que más interesan a los habitantes de Korn son los primeros.

Estos dragones se han establecido en zonas inaccesibles para los habitantes del mundo pero muy cerca de zonas altamente tecnificadas. Saquean tecnología, esencia, secuestran a científicos que jamás vuelven a aparecer y, lo más importante, crean enormes problemas con su estirpe.

Una característica de los dragones es que no dejan de crecer a lo largo de su desarrollo hasta que alcanzan su tamaño máximo, tras superar los 1.200 años de vida. Otra característica de los dragones es que son inherentemente mágicos, su sangre posee esencia, al igual que la de los dioses, por lo que no han perdido sus capacidades mágicas. Sí es cierto que con la desaparición de los dioses el hacer uso de dichas habilidades les supone más esfuerzo y tiempo de recuperación pero pueden recurrir a ellas.

Wylunger, obra de Kostic Dusan
Los dragones que se han interesado por la tecnología han descubierto que combinándola con su magia inherente pueden crear maravillas inimaginables. Muchos han modificado su propio cuerpo con implantes que mejoran sus capacidades, pero esto ha supuesto un problema que los dragones han tenido que afrontar. Cuando un dragón se coloca un implante pierde su capacidad de lanzar magia y convertirse en humanoide. Esto supone un problema a la hora de infiltrarse y conseguir más material sin recurrir a la destrucción y el asesinato. Para suplir esta carencia los dragones tecnificados han recurrido a su esencia vital, creando la Estirpe de dragones.

Debido a su poder mágico innato pueden insuflar vida en objetos inanimados o en otros recipientes, como por ejemplo cuerpos de criaturas, vivas o muertas. Cuando un dragón crea uno de esos “nuevos seres vivos” insufla gran parte de su esencia en ellos. Esto hace que tarden mucho en recuperarse del desgaste de fuerza vital, pero da como resultado una criatura absolutamente fiel a su creador y de un notable poder. La razón de que los dragones empezasen a crear a estos “Primeros hijos” es que podían delegar en ellos tareas más aptas para sus características.

Suelen ser humanoides de forma draconiana bien de carne y hueso o bien de metal que están a las órdenes de su creador. Un dragón, normalmente, no crea más de tres de estas criaturas por el enorme desgaste que suponen, sin embargo estas criaturas pueden a su vez insuflar vida en recipientes de menor tamaño. Un primer hijo puede ceder parte de su fuerza vital y crear un segundo hijo con menos poder y tamaño que el que crearía su padre dragón. A su vez este segundo hijo podría hacer lo propio e insuflar vida en otro recipiente, en cambio los segundos hijos tienen un poder más limitado. No pueden insuflar vida en un recipiente vivo. La cadena sigue de generación en generación. Los terceros hijos pueden crear cuartos hijos y éstos quintos, pero a medida que nos alejamos del dragón original en el árbol genealógico las criaturas van siendo menos poderosas e inteligentes. Nadie sabe cuántas generaciones puede llegar a haber, aunque se estima que no más de ocho o nueve.

Las últimas generaciones son las más problemáticas para los habitantes de Korn. Son criaturas semimecánicas que no tienen un ápice de inteligencia. Su único afán es buscar chatarra con la que “alimentar” a su creador. Atacan lugares alejados o aislados buscando tubos, placas, manos, patas, garras o piernas que se acoplan a su propio cuerpo. Estas criaturas denominadas “chatarras” o “zombis de chatarra“ han llegado a convertirse en un problema en determinadas zonas no encontrándose muy lejos el dragón al que sirven.
Zombie de Chatarra, obra de +alejandro lizaur 
Se cree que si el dragón originario muriese toda su estirpe moriría con él, pero eso es solo una suposición de momento.

También parece haber una relación directa entre la cordura del dragón originario y la proliferación de chatarras. A medida que un dragón suma implantes en su cuerpo, su control mental se va deteriorando, volviéndose más salvaje e impredecible. Al parecer esto afecta a su estirpe, que sufre unos efectos similares que se acrecienta a  medida que se avanza en las generaciones.

PD: actualizada la sección de DESCARGAS, test del aventurero, triptico, fichas y nuevos mapas.