lunes, 15 de febrero de 2016

El Buscador Dimensional

-Como te digo, tío, créetelo. -dijo Daniel un tanto irritado- Después de todo lo de Corea y el norte de Africa, me dejan fuera.

Escuchó durante poco menos de un minuto a su interlocutor, y luego colgó: “Vale, vale, hablamos.”. Se acomodó en su pequeño y destartalado sofá y comenzó a quedarse dormido. Le dolía la cabeza; las últimas noticias y las últimas semanas de vagabundear en busca de una ocupación le estaban haciendo muescas a su moral.

Sucedió al poco de quedarse dormido... de hecho, ni siquiera sabía si dormía. Sentía un mareo en el estómago, un vértigo como el que sientes al dormirte que hace que te despiertes de repente, pero esta vez no se iba. De hecho, iba a más, y Daniel se sumergía en una sensación de caída interminable que hacía que le temblaran las piernas y moviera los brazos intentando encontrar el equilibrio. Una sensación de prisa, de caída y de náuseas lo embargaban por completo, aislándolo de lo que pudiera ver...
...y todo pasó como había llegado. De pronto estaba sobre un sucio suelo de madera y pieles, con restos de algo humeante a su alrededor.

-Bienvenida, criatura. -una voz un tanto chillona y extraña hizo que pestañease intentando ver, intentando comprender. Alguien parecía hablarle, pero como al otro lado de un túnel largo y ominoso.- Ahora, escúchame y obedéceme. Soy Adl-Narei, tu nuevo amo.
Daniel se levantó del suelo protegiéndose los ojos con una mano. Estaba desnudo y aun el mareo y las náuseas del sueño -caída- no lo abandonaban. Creyó ver, entre las tinieblas en que se había convertido su visión, que lo rodeaba una sala espaciosa, con algunos pilares de madera, y que a su alrededor se extendía un intrincado símbolo grabado en el suelo con miles de gemas que brillaban con una luz tenue, y símbolos extraños que parecían moverse.

“Desde luego, tengo que ir al psiquiatra, como dijo Anne” pensó mientras intentaba ver a su interlocutor. Éste, emergiendo de las tinieblas por fin, llevaba una vela en una mano y un pesado libro en la otra. Las páginas del libro se movían solas. Vestía de una forma un tanto estrafalaria: tenía una suerte de gafas de visión nocturna echadas para atrás en la cabeza y un chaleco multifunción con varios bolsillos, aderezado todo con una falda de cuero y guantes con remaches metálicos. Pero... la criatura no era humana. Sin embargo, su nombre le llegó a la memoria, viajero repentino de los tiempos de su niñez y adolescencia, de entre las páginas de varios libros de fantasía.

-Usted perdone, señor gnomo -dijo Daniel a duras penas, con la garganta seca y llevándole la corriente a su “sueño”- Pero si no le importa, voy a despertarme y seguir bebiendo un poco más.
Unas pequeñas arañas mecánicas se movían por los rincones con un brillo rojizo en las junturas, y Daniel descubrió que, tras el gnomo permanecía suspendida en el aire una bola metálica de la que surgían de tanto en tanto pequeños relámpagos blancoazulados.

El personaje avanzó hacia él y levantó la vela... se colocó las gafas en la cara -las cuales hicieron varios movimientos de sus múltiples lentes como por voluntad propia- e hizo una mueca de disgusto.

-¡¡Ainah-nah-nah!! ¡No puede ser! ¡¡El Buscador Dimensional ha vuelto a fallar!! -exclamó mientras ajustaba varias ruedas en la tapa del libro, que de pronto redujo su tamaño varios enteros.

Daniel, por su parte, intentaba despertar, pero descubrió que la escena lo divertía -y de todas formas, sus intentos por despertar no estaban dando resultado- y se quedó un poco más en su sueño. 

-Es lo que suele suceder con los buscadores dimensionales. -sonrió divertido mientras seguía al personajillo por la sala... o al menos lo intentó, ya que al intentar poner un pie fuera del círculo grabado en el suelo recibió una importante descarga eléctrica y salió despedido hacia atrás, chamuscado y confundido.

Algo, aunque no quería reconocerlo conscientemente aun, empezaba a tomar forma en su cabeza. Eso, lo que fuera, estaba siendo demasiado real. Nunca había tenido un sueño como aquél, ni de lejos... de hecho, él solía comentar que no soñaba.
El olor de las velas, los pequeños chasquidos de las arañas mecánicas sobre los muebles, el brillo de las gemas del suelo, los movimientos imposibles de los símbolos, la verosimilitud de cada detalle y la realidad de todo lo que veía... Daniel empezaba a estar realmente incómodo.
-¡¡Ehhhhh!! -exclamó molesto y dolorido- Que cojones está pasando aquí.
Se incorporó de nuevo y descubrió algo en lo que no había reparado antes: un espejo en una de las esquinas de la sala. Daniel se movió dentro del círculo para poder mirarse en él, y cayó sentado al suelo de la impresión. Desde el otro lado del espejo le observaba una criatura blanquecina, con ojos rasgados y dos cuernos saliendo de su cabeza, con rasgos alargados y con un atisbo de nariz: le recordaba a los sátiros de la mitología, pero un tanto más siniestro. Tenía placas coriáceas en los muslos, antebrazos y pecho, y al darse la vuelta percibió que de su espalda salían varias formaciones óseas espinosas.

-Pero ¿qué carajo soy?

-Una subcriatura, -le respondió el gnomo, que ya estaba casi en la puerta de la estancia, dispuesto a abandonarlo- un viajero planario llamado por error por el Buscador Dimensional. -las extrañas gafas seguían moviéndose automáticamente en su cara. 

Adl-Narei pulsó varias palancas ocultas en el marco de la puerta, varias lucecitas se apagaron junto al panel... la esencia dejó de alimentar el Buscador, y la prisión se deshizo.

-Siento mucho lo ocurrido. Olvida tu antigua forma: este es tu verdadero yo. Y olvida tu antigua vida, ahora eres parte de este mundo. Mucho me temo que el viaje que acabas de hacer es solo de una dirección.

El círculo se apagó y los símbolos dejaron de moverse. Daniel puso un pie -terminado en una garra- fuera y siguió a su invocador.

-¿Mundo? ¿Quieres decir mi sueño? -dio rienda suelta al temor que había tomado forma en su mente- ¿Es esto un sueño?

Adl-Narei compuso una medio sonrisa en su pequeña cara. Abrió la puerta y Daniel vio el resto del laboratorio arcanotecnológico... su boca se abrió al instante.

-¿Sueño? No, esto es más bien una pesadilla. Bienvenido a Korn.

Francisco Quiñones