jueves, 31 de julio de 2014

JOHN Y ROXXANE (Relato)

Un día cualquiera en Las Colonias...



Hacía un día de perros. Uno de los días típicos para este tipo de salidas. A John Manowar le parecían los mejores para cazar. Cielos grises, llovizna, aire, frío…
-¿Qué te parece Roxxane?, ¿Crees que hoy será nuestro día de suerte?
Como siempre Roxxane no contestó. 
John y Roxxane llevaban mucho tiempo juntos. John aún recordaba la primera vez que la vio, la primera vez que la tocó. Habían pasado por muchas cosas, habían cambiado, habían mejorado.
El mal tiempo no impedía que la pipa de J. Manowar tirase sin problema, tenía demasiada experiencia preparando pipas, un día gris no impediría que disfrutase del fantástico sabor del mejor tabaco de Las Colonias.
Estaban agazapados en una zona de arbustos altos.
-¿Has escuchado eso?…creo que ha sido el viento, pero acerquémonos a comprobarlo.
El perímetro parecía estar despejado, pero era mejor asegurarse antes de adentrarse en la fábrica abandonada, hoy no quería sobresaltos.
Se rascó la barba de tres días y afinó su ojo derecho. El implante le había costado bastante, pero merecía lapena. Mejor eso que un puto parche. Era bastante llamativo pero también era enormemente útil. Con él podía ver mucho más lejos que con su ojo “bueno” y era excelente para apuntar al disparar.
-Parece que solo ha sido el viento. Bien, entremos.
Recordó la vez que no había sido el viento. Aquel hijo de puta se había llevado su ojo derecho, le había roto tres costillas y le desolló la parte derecha de la espalda del hombro a la cadera.
El dinero arregló lo del ojo. El tiempo lo de las costillas y la espalda. No volvería a pasarle nunca más. Apretó con los dientes la boquilla de la pipa y tomó una larga calada. La saboreó y se puso de camino a la fábrica.
Estaba a unos 130 metros. La parte de adelante estaba demasiado despejada, pero por el lateral había bastantes cascotes y podría moverse con mejor cobertura.
Se parapetó tras un grupo de toneles de metal oxidado a unos diez metros del hueco que había en la pared lateral. Entraría por ahí. Afinó de nuevo su ojo derecho, el cual le mostró lo que había en el interior incluso con la poca luz disponible. Joder, era una puta maravilla. Casi daba gracias de que le hubiesen sacado el ojo. Le había costado una fortuna pero valía cada moneda que había pagado por él.
Recordó la primera vez que le habían soltado la puta broma de “te ha costado un ojo de la cara”. Los parroquianos de la taberna de mala muerte a la que solía ir se partían de risa, hasta el día que le rompió la nariz a uno de ellos y cuatro dedos a su compañero. Había tenido un mal día y no estaba para bromas. Desde entonces no había vuelto a oír el chiste. Era una pena, tenía mucha gracia. Sonrió mientras asomaba la cabeza por el hueco de la pared. El humo de su pipa hacía un extraño efecto al verse a través de la luz del exterior y la luz azulada de su ojo mecánico.
-¿Qué te parece Roxxane?- Cuchicheó.
Miró a derecha e izquierda. Parecía unahabitación de la antigua fábrica que tenía un tamaño pequeño. Puede que hubiese sido un vestuario o algo parecido a juzgar por las taquillas tiradas por el suelo. La puerta que daba al interior de la fábrica no existía, solo quedaban unos restos de la madera que la componían en el pasado enganchados a los goznes.
Manowar y Roxxane avanzaron con sigilo pero no había dado ni dos pasos cuando empezó a oír los ruidos característicos. Ese golpear de metal contra metal. No pudo evitar que se le erizase un poco el vello. Avanzó más despacio y con más cuidado hacia el hueco de la puerta y asomó media cabeza. 


Allí estaban. Eran cinco. Estaban rebuscando en un montón de chatarra y escombros. Estirpe de dragones, neozombis o “chatarra” como se les conocía vulgarmente. Cinco seres humanoides con partes de metal y partes de carne. Cadáveres recompuestos con trozos de metal a los que se les había insuflado vida, o tal vez al revés, trozos de metal a los que se les había añadido un poco de carne. Daba igual, eran la misma mierda. Residuos del poder de los dragones que quedaban en Korn.
Los dragones tienen el poder de dar vida y esas creaciones a su vez también tienen el poder para crear más vida y así sucesivamente, pero a medida que se alejan de la primera generación, las criaturas creadas son más salvajes y estúpidas. Estos eran la última generación. Seres idiotas que solo buscan piezas metálicas o de carne para añadir a sus deformes cuerpos o para reparar partes deterioradas.
Era hora de retirar la chatarra. Estaban bastante juntos así que John decidió que acabaría con los cinco de un solo tiro y así ahorraría tiempo. Tal vez llegase a tiempo para la cena…mientras pensaba qué habría de menú esa noche en la cantina. Sacó un proyectil de tamaño inusualmente grande de su funda y lo cargó en su escopeta modificada.
-Es hora de que empieces a cantar Roxxane.-Dijo mientras amartillaba la enorme escopeta.
Apretó el gatillo y Roxxane escupió el proyectil con un ruido atronador. Este impactó en medio del montón de chatarra en el que estaban rebuscando las criaturas y explotó esparciendo cascotes, hierros y trozos de las criaturas por todas partes. Cuando el humo y el polvo se dispersaron a los pocos segundos de haber pasado la explosión, John pudo ver el escenario. Las cinco criaturas habían quedado desparramadas por esa zona de la fábrica. No había demasiada luz más allá del boquete que había dejado en el suelo, así que sacó un par de bengalas, las encendió y las lanzó con fuerza hacia el interior de la fábrica.
Parecía que estaba en un ala no demasiado grande de la fábrica, pero podía verse a través de la pared medio derrumbada el ala central de la antigua factoría.
Se acercó para observar un poco mejor la amplia zona con su implante y vio que algo se movía rápidamente para esconderse entre los restos de las máquinas. Estaba a bastante distancia, pero no era eso lo que le preocupaba.
-Parece que tenemos algo más que escoria hoy Roxxane. ¿Crees que será un “primer hijo”?.-Dijo mientras recargaba a Roxxane, esta vez con munición normal.
Los Primeros hijos son la primera generación de la estirpe de dragones. Una criatura a la que el propio dragón ha dado vida. No suelen verse cerca de la “chatarra” de última generación y sinceramente, Manowar esperaba que no fuera el caso, esas criaturas eran más poderosas y taimadas de lo que uno podía llegar a imaginar. Una de esas criaturas se llevó su ojo y la piel de su espalda.
Se acercó poco a poco hacia la zona en la que había visto el movimiento mientras lanzaba otras tres bengalas para iluminar toda la estancia. Era bastante grande, llena de máquinas oxidadas y cascotes…llena de escondites. Tenía techos altos a los que apenas llegaba la luz de las bengalas.
Cuando llegó a unos diez metros del supuesto lugar en el que había visto algo dijo en voz alta:
-¡Sal de ahí!
Como no obtuvo respuesta pegó un tiro que impactó en una placa de metal. Inmediatamente una criatura del tamaño y forma de un perro grande salió disparada alejándose del lugar del impacto.
No era un perro…o ya no al menos. Prácticamente ya no quedaban partes de carne y hueso de lo que antes había sido un mastín. Partes de metal y engranajes, mandíbulas de hierro y trozos de chapa afilada por todas partes componían a esa criatura. No, no era un Primer hijo, pero tampoco era un última generación.
John efectuó otro disparo que no alcanzó a su objetivo por poco. Se había quedado sin balas así que inmediatamente se puso a recargar a Roxxane. Pero cuando estaba sacando los cartuchos de su cinto la criatura saltó sobre un escombro, exponiéndose. Le miraba fijamente con esos ojillos que emanaban una luz verdosa. No estaba cerca pero John estaba seguro de que podría alcanzarle con un tiro en cuanto terminase de…El ruido que hizo la bestia fue una mezcla entre chillido y chirriar de metal contra metal.
-¡Joder! ¿Qué cojones…?
De entre las ruinas detrás de la criatura otros dos seres de aspecto similar aparecieron saliendo de sus escondites.
-Bien. Dos balas, tres objetivos.
J. Manowar terminó de cargar el arma y la levantó apuntando a uno de los perros metálicos. ¡Bang!
El tiro se perdió en los altos techos de la fábrica y Roxxane se deslizó por el suelo hasta parar a unos metros de John. Al parecer justo cuando iba a disparar una cuarta criatura cayó sobre él del tejado hiriéndole el brazo y haciendo que su escopeta saliese volando de sus manos.
Ahora había cuatro criaturas, una a solo dos metros de él, estaba herido y sin Roxxane en las manos.
No…no iba a llegar a tiempo para la cena.
Entre John y la criatura había caído la pipa al salir despedida de sus labios con el impacto del ataque. Era su pipa favorita. Manowar se lanzó hacia ella y la criatura se abalanzó en la misma dirección. Podía escuchar como las otras tres criaturas también corrían hacia él para hacerle trizas. Justo antes de recoger la pipa tirada en el suelo sacó su recortada con la otra mano. Hasta el momento había estado oculta tras su capa corta. A unos centímetros de las fauces abiertas de la criatura descargó un tiro que hizo que trocitos de cabeza del perro caído del techo le saltasen a la cara, haciéndole pequeños cortes. Había recuperado su pipa,que aún conservaba algo de brasa. Era un puto genio preparando pipas. Pero las otras tres criaturas ya estaban encima de él.
El mastín dio un salto con las fauces abiertas para alcanzar su cuello pero John interpuso la mano de la recortada en la trayectoria. Los dientes de la criatura se cerraron en torno a su antebrazo causándole un dolor agudo. Apretó los dientes y contuvo un grito para no volver a perder la pipa que había colocado de nuevo en su boca, dejando su mano izquierda libre. Justo antes de que le alcanzasen los otros dos canes sacó algo de un bolsillo interior y lo lanzó contra el suelo. Inmediatamente hubo una pequeña detonación y un área enorme se llenó de un denso humo.
Dentro de la enorme nube de humo no se veía nada, solo se escuchaban sonidos de refriega.
Se escuchó un golpe. Dentelladas. El ruido de un arma al caer al suelo. Un disparo sordo. El rasgarse de ropa. Un gemido contenido. El ruido que hace el carrete de una caña al ser recogido y….silencio.
Pasaron unos segundos en los que no se escuchaba nada. Solo había silencio. El humo se iba dispersando poco a poco. Las bengalas estaban prácticamente apagadas.
Tsssssssssssss
Un siseo comenzó en el mismo instante en el que el humo terminaba de disiparse. Las tres criaturas estaban oteando en busca de su presa que había desaparecido. El siseo venía de arriba. Las criaturas miraron al techo justo antes de que se apagasen las bengalas para ver qué era ese ruido.
Colgado de un gancho que había traspasado la techumbre y se había quedado anclado estaba John Manowar, con su capa corta hecha jirones, sujetando el cable amarrado a su arnés para mantener el equilibrio con su brazo herido, sangrando, mientras en su otra mano alejaba de su pipatres cartuchos de dinamita unidos y con una sola mecha tras haber encendido ésta.
Cuando la luz se fue John tenía una amplia sonrisa en su cara, apretando su pipa con los dientes.
Unos segundos más tarde el fogonazo iluminó todo el ala de la vieja fábrica. El ruido seguramente se escuchase a kilómetros de distancia. Cascotes, trozos de metal, trozos de suelo y de las tres criaturas salieron disparados en todas direcciones.
Cuando al rato todo había quedado en silencio y a oscuras, una bengala encendida cayó al suelo desde donde el “cazachatarra” colgaba aún. El polvo levantado todavía no se había disipado del todo pero podía verse el pequeño cráter que había quedado en el suelo justo donde la dinamita había hecho explosión.

Unas horas más tarde John Manowar entró por la puerta de la cantina “El Caldero Roto” con su humeante pipa en la boca.
-¡Sonia! ponme algo de cenar ¿quieres cariño?
-Lo siento guapo, pero la cocina está cerrada desde hace una hora y el cocinitas se acaba de marchar. Joder...¿De dónde vienes?, estás hecho una mierda.
-¡Oh venga ya! Vámonos a que nos vea un matasanos Roxxane, aquí no hay comida y huele a meados de vaca.
-Vete a la mierda.
-Tranquila nena, volveré en un rato…espérame despierta.
-Ni lo sueñes.
Tras el sonido de la puerta de la posada al cerrarse Sonia siguió recogiendo el comedor mientras el cazachatarra más jodidamente duro de todo Korn iba a buscar alguien que le remendase por unas monedas y, tal vez, conseguir algo de cenar.